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GRETA Y SU GARBO – EN #300PALABRAS

A la edad en la que algunos estábamos montando la ref 6090 del castillo medieval de Lego, Greta Thunberg se ha dirigido a los líderes de 60 países, y al resto del respetable de la cumbre del clima en la sede de la ONU, para abroncarles por su inacción en la deriva ambiental y climática que asola el futuro de las nuevas generaciones. En un tono agrio, amenazante y bajo un rictus felino ha regurgitado su proclama a los oídos de todo el mundo. De por medio, como en cualquier fenómeno mediático, los encontronazos entre sus seguidores y detractores. Si bien la característica principal de la juventud es la rebeldía, que promueve el avance de la humanidad, es ahora cuando estos tienen un altavoz más allá de crear en el colegio collages de bosques con recortes de revistas y plastilina. Pero no solo bastan la rebeldía y la ilusión de la pubescencia, la reflexión experimentada de los mayores no debe ser arrinconada. Al fin y al cabo el tiempo transforma a unos en otros.

De origen germánico, Greta significa “perla” y vaya si lo es. Una de las variantes del nombre es Gretel, ya saben, la del cuento de los padres homicidas (en la versión original, ahora ya edulcorada no vaya a ser que los niños se nos perturben). De los progenitores de la actual sabemos que uno es actor y la otra cantante. Estos aspectos familiares y otros del entorno han alertado de la posibilidad de que todo sea un mero producto de mercadotecnia al servicio de grupos de presión. Con loable contenido pero discutible continente veremos si la aún adolescente en unos años vive sentada en el consejo de administración de una corporación energética o calada hasta los huesos en las selvas ugandesas al servicio de Jane Godall.

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