CREO QUE MI HIJA NO SE CREE DEL TODO LO DE LOS MONOS

 

Bueno, pues no sé por dónde empezar. Son las siete de la mañana. Estoy llevando el confinamiento según las directrices que nos ha marcado la psicóloga de la multinacional donde trabajo. Me he levantado, lavado la cara, desayunado y vestido con marcial cronología para sentarme delante del ordenador a teletrabajar. Hasta ahí la teoría. La práctica ha sido que nos hemos levantado, nos hemos lavado la cara, hemos desayunado y nos hemos vestido. Yo me he sentado al ordenador, y ella ha hecho lo mismo despanzurrada en el suelo con uno de plástico que solo da las notas de la escala musical. ¿Mi exmujer?, pues supongo que con su nuevo marido en Llanes, en una casita con terraza que mira al mar, <<en el mismo momento en que me dijo que se iba con él, me enseñó las fotografías de su nueva casa. Ella siempre ha tenido un gran tacto>>. Respecto al régimen de visitas pues, una vez normalizada la situación y siendo mi hija la custodia de todo un mar de lágrimas, acabó funcionando; pero llegó el decreto del estado de alarma y ahora me encargo de ella hasta que esto termine. Intento compatibilizar el trabajo y su cuidado lo mejor posible, pero mi hija está en la fase del <<¿por qué?>>, y hubiera preferido que la pasase con su madre. Ayer me preguntó que por qué no podíamos salir de casa para ir al parque con Claudia y Teresa. No tendría que haberle contestado eso. Me pilló con la guardia baja.

-Papá, ¿por qué no podemos salir al parque?

-Por los monos hija, por los monos.

-¿Qué monos papá?, en el parque no hay monos. Eso lo sé hasta yo.

-No, hija, los monos locos del confín de la tierra que tocan la trompeta.

            A partir de ahí todo fue cuesta abajo. Los monos locos del confín de la tierra son unos seres que viven tranquilos, se despiojan, se protegen los unos a los otros y comen los variados frutos del paraíso. Donde viven no les falta de nada <<le omití que también comen unas moras que les emborrachan para retozar libidinosamente después>>. Pero, por una causa que aún no se conoce, se ponen nerviosos de vez en cuando. Entonces cogen sus trompetas de latón y empiezan a soplar con fuerza. De esas trompetas salen los males de la humanidad: las crisis económicas, las pandemias, la desaparición del dinero público, los engaños, las irresponsabilidades, etc. Una vez que terminan su caótica cacofonía se tranquilizan y sueltan las trompetas, pero el viento arrastra sus soplidos por todo el mundo que es el que sufre las consecuencias. Luego se vuelven a dormir a sus mullidas ramas.

       Espero que algún día pueda ser valiente para poder decirle a mi hija que los monos son realmente los políticos. Ella me mira reflexivamente y sigue jugando. Lo único que me ha pedido es que si puede burlarse de los monos cuando esto pase y vayamos al zoo. La verdad, no sé qué responderle.imageedit__7201198119

 

 

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