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PADRES EN DOBLE FILA EN #300PALABRAS

Los más canosos o aquellos que conserven buena memoria recordarán que existió una serie traducida al español como “Los autos locos”, en la que un variopinto grupo de competidores trataban de ganar una carrera a toda costa y por todos los medios a su alcance, trampas ingeniosas incluidas. La serie animada de 1968 sigue de plena actualidad más de 50 años después en la puerta de cada colegio e instituto (con el agravante de que en esta efervescencia automovilística no hay premio para el primer clasificado). Parece que por las calles españolas se suelta un safety car a las 8 de la mañana y saltan todos los padres (y madres) para alzarse con la corona de laureles de la doble fila, la triple, la obstaculización del paso de peatones, el “solo es un momentito” y el “tampoco es para tanto”.
   Si fuera un efímero paso por boxes para soltar en segundos a la desasistida criatura, el desarrollo competitivo se saldaría sin daños colaterales, pero no, el progenitor tiene un plan más ambicioso. Ya que no ha podido aparcar en la misma recepción del colegio como querría, avanza a claxonazos a diestro y siniestro. La misma operación es realizada por cientos de vehículos en treinta metros de acera. Más allá de estos pocos metros se cierne el final del mare tenebrosum. Allí debe de habitar el monstruo come niños.
   Así, los chiquillos aprenden lo siguiente: que papá les lleva la mochila, les sujeta el paraguas si llueve, no permite que anden más de lo necesario y les ejemplifica con la normativa de tráfico. Por supuesto, si al chaval le diese por mojarse como un afable mogwai, el padre da por seguro que se romperían los siete sellos del Apocalipsis.
   Consecuencias: la creación de una nueva generación de tiránicos niños de cristal.

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